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El negocio que todavía no existe

Red Nacional de Grupos Gestores
17 de septiembre de 2026• Por Pablo Mazariegos estudiante de Ingeniería en Informática y Sistemas
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Las oportunidades no siempre llegan a buscarnos. A veces tenemos que salir,

tocar puertas y demostrar lo que somos capaces de hacer.

 

Una de las preguntas que más escuchamos entre los jóvenes es: ¿qué podría

emprender hoy? Buscamos ideas en internet, observamos negocios que funcionan en

otros países, analizamos tendencias e intentamos imaginar algo completamente nuevo.

Sin embargo, muchas veces la respuesta está mucho más cerca: en aquello que nos

hace perder tiempo, en un proceso que sigue siendo demasiado complicado, en un

servicio que podría prestarse mejor, en una empresa que necesita modernizarse o en

una necesidad que existe, pero que nadie ha decidido atender correctamente. Ahí

puede comenzar una empresa.

 

Mi nombre es Pablo Mazariegos, tengo 22 años, soy estudiante de Ingeniería en

Informática y Sistemas y cofundador de Kaiden S.A. Desde pequeño tuve una afinidad

especial por la tecnología. Me interesaba descubrir cómo funcionaban las cosas,

conocer nuevas herramientas y entender hasta dónde podía llegar la innovación. Con

los años comprendí algo todavía más importante: la tecnología adquiere verdadero

valor cuando resuelve un problema.

 

Durante mi formación universitaria conocí a Estuardo Vázquez. Nuestras habilidades

eran diferentes y precisamente ahí encontramos una fortaleza. Mientras mi formación

estaba orientada hacia la tecnología, él poseía capacidades creativas y de diseño que

complementaban las mías. Con el tiempo dejamos de ser únicamente compañeros y

decidimos convertirnos en socios. Así nació Kaiden S.A., una empresa enfocada en

utilizar la tecnología, el desarrollo y la creatividad para construir soluciones para otras

empresas y organizaciones.

 

El nombre Kaiden representa para nosotros una idea: “innovación electrificante”. Pero

detrás de ese nombre no existió una fórmula secreta, una enorme inversión ni la

certeza de que todo saldría bien. Existía una decisión: comenzar. Y después de

comenzar descubrimos algo igual de importante: una empresa nueva no puede

quedarse esperando a que los clientes lleguen.

 

Hay que tocar puertas

 

Al principio nadie conoce tu empresa. No existe una trayectoria extensa que mostrar,

no tienes decenas de clientes recomendándote y probablemente tampoco cuentas con

todos los recursos que quisieras tener. Lo que sí tienes es la posibilidad de salir a

buscar oportunidades. Eso significa presentarte, hablar con personas, contarles qué

haces, escuchar sus necesidades, presentar propuestas, recibir un “no” y volver a tocar

otra puerta.Como jóvenes, a veces creemos que las oportunidades aparecerán cuando

terminemos la universidad, cuando tengamos determinado título, cuando contemos con

suficiente dinero o cuando alguien finalmente descubra nuestro talento. Pero he

aprendido que muchas oportunidades no se encuentran esperando; se encuentran

buscando. Una conversación puede convertirse en un contacto, un contacto puede

llevarte a una reunión, una reunión puede convertirse en tu primer cliente y ese primer

cliente puede abrirte una puerta que todavía no sabes que existe. No todas se abrirán,

y eso también forma parte del camino.

 

Observar antes de emprender

 

Cuando comenzamos Kaiden no nos preguntamos únicamente qué podíamos vender.

Comenzamos preguntándonos qué problemas podíamos resolver. Esa diferencia

parece pequeña, pero cambia completamente la manera de entender un negocio. Una

empresa no existe únicamente porque tenga un producto, una oficina, colaboradores o

una marca; existe porque alguien encuentra suficiente valor en aquello que hace.

Por eso considero que una de las principales habilidades de un emprendedor es saber

observar: identificar dónde existe frustración, dónde se desperdicia tiempo, qué

proceso podría simplificarse, qué organización necesita tecnología, dónde un cliente

podría recibir un mejor servicio y, sobre todo, dónde nuestras capacidades pueden

convertirse en una solución. Cada una de esas situaciones puede esconder una

oportunidad empresarial.

 

De una idea a proyectos reales

 

Han pasado casi dos años desde que decidimos comenzar Kaiden. Gracias a Dios,

durante ese tiempo nuestra empresa ha ido creciendo. Hemos conseguido nuevos

clientes, asumido proyectos cada vez más importantes y enfrentado retos que al inicio

probablemente nos habrían parecido demasiado grandes. Pero esos proyectos no

aparecieron mágicamente. Detrás de cada avance ha existido trabajo, aprendizaje,

conversaciones, propuestas, errores, puertas que se abrieron y también otras que

permanecieron cerradas.

 

Eso me ha permitido comprender que emprender no significa tener éxito desde el

primer intento. Significa seguir construyendo incluso cuando todavía nadie puede ver

aquello que tú estás intentando construir. Un proyecto pequeño te prepara para uno

más grande, un error te ayuda a tomar una mejor decisión, un cliente te permite

comprender al siguiente y una puerta cerrada puede obligarte a buscar otra que nunca

habías considerado.

 

Sí hay oportunidades para los jóvenes

 

Quiero detenerme especialmente en esto porque considero que muchos jóvenes

necesitamos escucharlo: sí existen oportunidades. Quizá no siempre aparecen de lamanera

que imaginamos y definitivamente no todas llegan por sí solas. Tenemos que

prepararnos para encontrarlas.

 


 

Quetzaltenango y Guatemala están llenos de empresas, instituciones, comercios,

profesionales y personas que todos los días enfrentan problemas que necesitan

solución. Para alguien, eso representa una dificultad; para un emprendedor, también

puede representar una oportunidad de crear valor. No necesitas comenzar teniendo

una gran oficina, decenas de empleados o una inversión enorme. Puedes comenzar

ofreciendo aquello que sabes hacer y aprendiendo aquello que todavía no sabes.

Si sabes diseñar, busca quién necesita diseño. Si sabes programar, encuentra un

proceso que puedas mejorar. Si sabes vender, identifica un producto que necesita

llegar a más personas. Si conoces agricultura, comercio, administración, gastronomía o

cualquier otra área, observa qué problemas existen dentro de ese mundo. No necesitas

saber hacerlo todo; necesitas encontrar algo que puedas hacer bien y que sea valioso

para alguien más.

 

No necesitas tener 40 años para comenzar

 

Tengo 22 años. Sigo estudiando y tengo muchísimo por aprender, pero precisamente

esta experiencia me ha demostrado que no necesitamos esperar a sentirnos

completamente preparados para comenzar. La preparación importa, la experiencia

importa y la educación importa, pero también importa atreverse.

 

Emprender joven significa equivocarse joven, aprender joven, construir relaciones joven

y acumular experiencias que difícilmente podrían obtenerse únicamente dentro de un

salón de clases. Eso no significa romantizar el emprendimiento: construir una empresa

exige sacrificios, incertidumbre, responsabilidad y muchas horas de trabajo. Pero

también permite experimentar algo extraordinario: ver cómo una idea que alguna vez

existió únicamente en una conversación comienza a convertirse en una organización

real.

 

La próxima puerta

 

Si pudiera compartir algo con otro joven que hoy está pensando en emprender, sería

esto: no esperes a que alguien llegue a decirte que ya estás listo. Prepárate, observa,

pregunta, acércate a empresarios, habla con profesionales, participa en espacios

donde puedas conocer personas, cuenta lo que haces, presenta propuestas, pide

oportunidades y toca puertas.

 

Algunas personas te dirán que no. Otras ni siquiera responderán. Pero alguna dirá que

sí. Y muchas veces solamente necesitamos que una puerta se abra para demostrar de

qué somos capaces.La edad no construye empresas. Las decisiones sí. Por eso, si eres joven

y llevas tiempo preguntándote qué podrías emprender, quizá has estado buscando demasiado lejos.

 

Mira a tu alrededor, encuentra una necesidad, piensa cómo podrías resolverla,

prepárate para hacerlo bien y después sal a buscar a quien necesita esa solución.

Porque algunas de las empresas que necesitaremos durante los próximos diez años

todavía no existen. Tal vez una de ellas comienza con un joven, una idea y el valor

suficiente para tocar la primera puerta.