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Barillas, el general quetzalteco que llegó a ser presidente y una calzada

Red Nacional de Grupos Gestores
7 de septiembre de 2026• Por Historiadora Ana Lucía Rodríguez Reyes
Historiadora

Los nombres de calles, monumentos históricos y fechas conmemorativas constituyen lo que el historiador francés Pierre Nora llamó los “lugares de memoria”, es decir, espacios destinados a la difusión y representación de la memoria colectiva de una ciudad, región o país. Sin embargo, como dijera el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, siempre existe el riesgo de que el nombre de un personaje importante o un hecho histórico se reduzca a ser eso, la referencia para una dirección. Por ejemplo, el guatemalteco citadino ubica con facilidad la avenida José Simeón Cañas, en la zona 2 de la capital, sin reparar en el hecho que este sacerdote salvadoreño abogó por y logró, junto con otros humanistas, la erradicación de la esclavitud en Centroamérica, en 1824, cuarenta y un años antes que en Estados Unidos. 


Para que esta suerte de olvido histórico no ocurra, es menester otorgarle significado al nombre detrás de una calle, al monumento, a la fiesta, a la conmemoración. Para eso se enseña historia, para dar significado, para dar identidad, para comprender que somos más de lo que dicen las apariencias, para hacer patria. Quetzaltenango es una ciudad particularmente hermosa. El centro histórico de Xela guarda detalles tan peculiares que una visita jamás es suficiente. Para entrar a Xela es obligatorio transitar por la calzada Manuel Lisandro Barillas. Al finalizar dicha calle aparece, mirando de frente, con su característico bigote, el busto del general. 


Tras concluir la licenciatura en la enseñanza de la Historia, me surgió la encrucijada indiscutible e ineludible para todo estudiante: la bien amada tesis. Entre todas las dudas que surgen a partir de la realización de este trabajo de graduación aparece el dilema de qué tema investigar. Yo, honestamente, no tenía mucha idea. Siempre me llamó la atención el siglo XIX, el café, los asuntos agrarios y, en general, la historia política de Guatemala. Mi profesor, el doctor Johann Melchor, ante mi indecisión, me sugirió escribir sobre la obra de gobierno de uno de los tantos presidentes que han pasado sin pena ni gloria en la historiografía guatemalteca. Uno de ellos era el general Barillas. 


Así me embarqué en la historia de nuestro personaje. Al principio, en la fase inicial de la investigación documental, no hallé mucho; pero, poco a poco, fue apareciendo ante mis ojos una historia cargada de significado y de hechos sumamente interesantes. La fase de investigación de archivo, característica del método histórico, me brindó datos e información fascinante. Manuel Lisandro Barillas Bercián fue el tercer presidente de la Reforma Liberal, periodo histórico que va de 1871 a 1944. La Reforma, en sí misma, es una etapa en la vida nacional que resulta de un gran interés y de una importancia elemental para el desarrollo de la Guatemala de hoy. 


El liberalismo guatemalteco, influenciado por el positivismo decimonónico y el racionalismo francés, sentó las bases del enjambre jurídico-institucional del país, modificó todo el aparato estatal y redefinió la estructura social y económica para introducir el café como principal producto de exportación. Quiso, desde una mal entendida modernidad, erradicar el catolicismo, provocando la reacción opuesta: que fuera la ciudadanía la que asumiera el rol de defensa y difusión de su fe, a través de procesiones y demás manifestaciones públicas de religiosidad. Frente a un Estado liberal surgió una sociedad conservadora.


Barillas nació el 17 de enero de 1844, en Quetzaltenango. En su juventud se dedicó a la carpintería. De presidente, este origen humilde y esta similitud de vida con el padre terrenal del Señor Jesús, fue motivo de risas indiscretas en los pasillos del palacio de gobierno. A los 27 años se unió al Ejército liberal de Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios, los estandartes de la Revolución Liberal del 71. Barillas, hecho soldado en el campo de batalla, formó parte de los liberales que tomaron la plaza de Quetzaltenango. Históricamente, la región de Los Altos abogó por libertades económicas y civiles desde años antes de la Independencia de Guatemala. No es casualidad que la ciudad de Xela se haya convertido en el epicentro del liberalismo guatemalteco.

 

Barillas ascendió social y económicamente al igual que otros provincianos que, a través de acumular haciendas para el cultivo de café, ensancharon sus fortunas. Barillas también alcanzó puestos políticos importantes, hasta convertirse en jefe político de Quetzaltenango y en miembro del círculo más cercano de Justo Rufino Barrios. De allí que, en 1885, cuando “el Reformador” murió en combate en Chalchuapa, El Salvador, Barillas asumiera la presidencia interinamente como primer designado. Luego, a la vieja usanza de la época, hizo modificar la Constitución para participar en las elecciones de 1886, las cuales obviamente ganó, y fue electo presidente para un término de seis años. 


Así llegó el general Barillas a ser presidente. Durante su gobierno dio continuidad al programa liberal de fomento a la infraestructura para la exportación del café, para la modernización temprana del país y para alcanzar aquel ideal del orden y progreso económico. La finalización del puerto de Ocós, la construcción de puentes, tramos carreteros y muelles dan cuenta de este seguimiento. Con el propósito de posicionar la imagen de Guatemala ante el mundo, se organizó la participación guatemalteca en la Exposición Universal de París de 1889, aquella en la que se inauguró la Torre Eiffel.


Barillas también continuó la costumbre de conflictuarse con la alta jerarquía de la Iglesia católica, expulsando al arzobispo Ricardo Casanova y Estrada, en 1889, porque el gobierno colocó como material de lectura en las escuelas públicas el libro Cartas a Eugenia, un texto sobre ateísmo. En 1890, Guatemala entró en guerra con su inevitable vecino, El Salvador. El conflicto acabó con la agenda centroamericanista y dejó saldos de muertos y heridos en ambos bandos sin alcanzar más nada. Como consecuencia de aquella guerra, llegó a Guatemala el poeta de Nicaragua, Rubén Darío. El gobierno de Barillas le financió el diario El Correo de la Tarde, un semanario cultural de gran calidad que se publicó durante un año y medio. 


La administración Barillas también promovió la inmigración extranjera. Acá resalta la llegada de comerciantes alemanes para la expansión del cultivo del café. Junto con ellos llegaron sus formas de vida, incluyendo la masonería, que tuvo un gran auge en esos años. 


Extrañamente, Barillas no persiguió su reelección y, en 1892, entregó el poder a José María Reina Barrios, en la primera transición pacífica del poder ejecutivo en la historia republicana de Guatemala. Pero la historia del general Barillas no quedó allí, años después obtuvo el cargo de alcalde de Quetzaltenango. Luego la desgracia acompañó los últimos años del general. En 1902, la doble tragedia del terremoto de San Perfecto y la erupción del volcán Santa María, en Quetzaltenango, destruyeron todas aquellas propiedades que alguna vez acumuló y fueron el origen de su fortuna. Cuando Barillas, junto con otros hacendados afectados por la desgracia, llegó a la oficina de “el señor presidente”, el también quetzalteco Manuel Estrada Cabrera, a pedir ayuda, él se las negó. 


A partir de allí, Barillas se convirtió en uno de los tantos disidentes del dictador. En 1906, participó en la Campaña Nacional, un movimiento armado en contra de Estrada Cabrera. No obstante, el levantamiento fracasó. Curiosamente, todos los líderes de aquella rebelión fallecieron trágicamente en circunstancias dudosas. Así pues, el 7 de abril de 1907, en la Calle del Reloj, en la Ciudad de México, dos sicarios a suelto asesinaron a cuchilladas al general Barillas, quien cayó muerto al instante. Nunca se pudo comprobar, pero la sospecha de la autoría intelectual del hecho siempre se cernió sobre Estrada Cabrera. Los restos mortales de Barillas regresaron a su natal Quetzaltenango, en 1925. 


A mediados del siglo XX, en el marco del proceso de urbanización de la ciudad de Quetzaltenango, la calle de entrada pasó a denominarse calzada Manuel Lisandro Barillas. De esta forma, el general Barillas pasó a ser también una calzada. Sobre mis investigaciones, estas concluyeron en una tesis que luego, en 2022, se convirtió en un libro: Manuel Lisandro Barillas, un general quetzalteco en la presidencia (Guatemala: SET, 2022). 


Esta breve reseña de la vida y de la obra del general Barillas buscan dotar de sentido al personaje. Ojalá, para las nuevas y presentes generaciones de quetzaltecos, el nombre Manuel Lisandro Barillas no sea solo una calle, sino más bien la remembranza de un quetzalteco que formó parte de la historia y del legado de su ciudad y de su país.